54 Dia 30,31 y 1 de enero
Palau Lankawi, Malasia.
Una vez cruzada la frontera acuática y tras una hora de travesía
en un barco viejo y decrépito, arribamos a tierras malayas.
Lankawi es una isla bastante grande, las distancias en
diagonal superan los 30 km y tiene muchas zonas que son reservas naturales vigiladas por la Unesco.
En la búsqueda de hotel, dos días antes, nos encontramos con
que quedaban muy pocos (3) en la zona
playera que nos interesaba y además alejados del mundanal ruido. Lo que no
sabíamos es que ese alejamiento se traducía en 2 km, que no es mucho, pero por
carretera sin arcén. Tenía muy bonito cartel luminoso, por lo demás era sucio,
la piscina tenía hasta plumas de gallina flotando, el wifi de las habitaciones
era inservible y las que atendían en mostrador eran dos inútiles de marca
mayor. Se anunciaba con mostrador de info turística, pero después de indagar un
rato y ver que su ignorancia superaba a la mía decidí tomar un taxi e irme al
centro a buscar una agencia mejor informada.
El último día del año lo pasamos en el Magrove tour en el
Kilim Geopark.
El rio Kilim se divide en varios brazos en su desembocadura
con manglares interminables por donde campan animales de todo tipo. Los que se
dejan ver para poder echar mano de tus pertenencias, son los monos cara blanca
y de cola larga. Su habilidad para conseguir tanto comida como cualquier objeto
les lleva no solo a nadar sino también a bucear.
Una cueva con murciélagos colgando del techo y unos peces caminantes forman parte de las
atracciones del lugar.
Salimos al mar con la motora bastante rápida y nos
desembarcan en una playa preciosa y lo que es mejor, sola para nosotros, hasta
que minutos después llega otra barca. Al final somos menos de una quincena de
personas mancillando el lugar. Veo rastros de huellas con garras y una larga
cola que ha dejado algún tipo de lagarto. Indagando, pertenecen a un tipo de
iguana pero de casi metro y medio de largo.
En otra sección del parque tienen una colonia de águilas que
vivían donde ahora se encuentra el aeropuerto. Para impedir que volvieran las
gratifican dándoles de comer y de paso dan el espectáculo al turista al tirarse
en picado sobre los trozos de pollo y emergiendo del agua con la panza llena.
El año lo recibimos durmiendo hasta las 11.
Después de arreglarnos tomamos un taxi , que por cierto son
muy baratos (20 km de carrera por 5 $) a ver una especie de parque de
atracciones con un puente colgante, un teleférico y atracciones de 9ª categoría
a excepción de un museo de 3D.
Las vistas desde arriba de la montaña, después de pasar el
trago del teleférico empinadísimo sobrevolando la espesa selva, son de quitar
el hipo. La cola para el puente colgante eran largas y hay dos miradores a los
lados más altos que el puente y sin colas y desde ahí contemplamos los cuatro
puntos cardinales.
prestada de internet.



































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