jueves, 2 de enero de 2020

54 Dia 30,31 y 1 de enero Palau Lankawi, Malasia.





54      Dia 30,31 y 1 de enero  Palau Lankawi, Malasia.

Una vez cruzada la frontera acuática y tras una hora de travesía en un barco viejo y decrépito, arribamos a tierras malayas.

Lankawi es una isla bastante grande, las distancias en diagonal superan los 30 km y tiene muchas zonas que son reservas  naturales vigiladas por la Unesco.
En la búsqueda de hotel, dos días antes, nos encontramos con que quedaban  muy pocos (3) en la zona playera que nos interesaba y además alejados del mundanal ruido. Lo que no sabíamos es que ese alejamiento se traducía en 2 km, que no es mucho, pero por carretera sin arcén. Tenía muy bonito cartel luminoso, por lo demás era sucio, la piscina tenía hasta plumas de gallina flotando, el wifi de las habitaciones era inservible y las que atendían en mostrador eran dos inútiles de marca mayor. Se anunciaba con mostrador de info turística, pero después de indagar un rato y ver que su ignorancia superaba a la mía decidí tomar un taxi e irme al centro a buscar una agencia mejor informada.
El último día del año lo pasamos en el Magrove tour en el Kilim Geopark.




El rio Kilim se divide en varios brazos en su desembocadura con manglares interminables por donde campan animales de todo tipo. Los que se dejan ver para poder echar mano de tus pertenencias, son los monos cara blanca y de cola larga. Su habilidad para conseguir tanto comida como cualquier objeto les lleva no solo a nadar sino también a bucear.






Una cueva con murciélagos colgando del techo y  unos peces caminantes forman parte de las atracciones del lugar.








Salimos al mar con la motora bastante rápida y nos desembarcan en una playa preciosa y lo que es mejor, sola para nosotros, hasta que minutos después llega otra barca. Al final somos menos de una quincena de personas mancillando el lugar. Veo rastros de huellas con garras y una larga cola que ha dejado algún tipo de lagarto. Indagando, pertenecen a un tipo de iguana pero de casi metro y medio de largo.










En otra sección del parque tienen una colonia de águilas que vivían donde ahora se encuentra el aeropuerto. Para impedir que volvieran las gratifican dándoles de comer y de paso dan el espectáculo al turista al tirarse en picado sobre los trozos de pollo y emergiendo del agua con la panza llena.


Siesta reparadora a la espera de la noche. Pasamos el trámite con una pizza y cerveza corona, paseo por la playa  que está llena de gente, una ginebra de garrafón con precio del bar del Ritz Carlton y a dormir.
El año lo recibimos durmiendo hasta las 11.
Después de arreglarnos tomamos un taxi , que por cierto son muy baratos (20 km de carrera por 5 $) a ver una especie de parque de atracciones con un puente colgante, un teleférico y atracciones de 9ª categoría a excepción de un museo de 3D.















Las vistas desde arriba de la montaña, después de pasar el trago del teleférico empinadísimo sobrevolando la espesa selva, son de quitar el hipo. La cola para el puente colgante eran largas y hay dos miradores a los lados más altos que el puente y sin colas y desde ahí contemplamos los cuatro puntos cardinales.







                                                                prestada de internet.



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