61 días 13, 14 y 15 Enero
Kuala Lumpur y Melacca.
Nuestro último día en Kuala lo dedicamos a culturizarnos por
todo lo alto, solo una vista pero extensa al Museo Nacional de Malasia.
Desde que aparecen las primeras señales de habitantes en la
zona hasta la actualidad, pasando por el proceso de independencia en 1957 y
posterior separación de Singapur.
Todo en un museo de dos pisos, moderno y muy comprensible a
la para que extenuante.
Terminando después de 3 horas no tenemos más remedio que
migrar hacia un lugar propicio para la colación del medio día. El lugar elegido
es el Old China Café. Comida rica y sabores como la de este país en un lugar
con solera.
Siguiente día (14) hay que migrar de nuevo. La estación de
buses de Kuala es casi un aeropuerto, modernísima, escaleras mecánicas,
pantallas informativas por doquier, salas de espera diáfanas. En fin me podía
recordar cualquier cosa menos la estación de buses de Valencia.
escalamos niveles de elegancia. Ahora los cortinajes son dorados al mejor estilo D. Trump.
Melacca en malayo o Malaka en inglés es una ciudad con mucha
historia. Situada dominando en estrecho del mismo nombre, siempre fue un
enclave preciado para el comercio.
Fue visitada por árabes, chinos, hasta la llegada de
portugueses que fueron removidos de mala manera por los holandeses y estos por
los ingleses tras un tratado comercial. Total, aquí pasó de todo. Tiene una
puerta que es todo lo que resta de la gran fortaleza portuguesa, una casa, hoy
museo, construida por los holandeses en el siglo XVII, su rico y colorido
barrio chino así como muchos cafés y restaurantes que cierran muy pronto en la
noche y si no te apuras puedes pasar hambre.
Tiene un paseo estrecho a las dos orillas del rio que cruza la ciudad con cafés que permiten reposar el anochecer acompañado de cerveza u otros alcoholes más recios y vigorosos.
Mención aparte merecen unas bicicletas con asientos para
transportar turistas que compiten por el gran premio a la cursilería. Adornos
de flores de tela y papel junto con peluches, muñecas y unicornios y todo de
colores pasteles hasta que llega la noche y encienden los neones para llegar al
paroxismo. Todo acompañado de buenos amplificadores y subwofers para amenizar
su paseo.
Principales clientes a saber, los turistas recién desembarcados de
los cruceros así como jovencitas de cabello cubierto con velo y todos
practicando el deporte del Selfie tanto en foto como en video.
La comida de ayer nos hizo sufrir un colapso de las papilas
gustativas. Jonker 88, un comedor popular con típica comida local y muchas fotos de Mao mas una de la Gioconda y otra de Bruce Lee La primera cucharada
de nuestras respectivas Laksas (sopas) produjeron y desbarajuste y confusión en las papilas gustativas, no
sabiendo por momentos si estábamos comiendo o sufriendo el castigo eterno del
infierno empezando, eso sí, por la boca.
Meteoritos de gran tamaño expuestos en el comedor pero envueltos en raso rojo con lazo (moño).
En la noche nos negamos a comer nada que no fuera un
delicado arroz hervido alejado de las especias y hoy hemos visitado un bar
español de tapas “ Salud”. Necesitábamos seguir con la tregua estomacal y unos huevos rotos
con jamón para mí y unos chipirones en su tinta para Eva han venido a
rescatarnos.
Puerta de la fortaleza portuguesa.
Siesta a mitad vista del museo
A sabiendas de los pesados que son los museo con 35 grados, hay máquinas de masaje. Muy reparador.
































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