Dos horas por excelente autopista nos saca de Penang, que
pena dejar su comida, y nos traslada a la tercera ciudad de la federación
malaya. Tenemos la suerte en contra y para cuando llegamos a la oficina de
turismo, habían cerrado diez minutos antes de nuestra llegada.
Paseamos sin rumbo, tomamos cervezas y buscamos un restaurante. La mala suerte seguía presente. Ni rastro del lugar que Maps nos indicaba pero si mucho restaurante callejero chino.
Paseamos sin rumbo, tomamos cervezas y buscamos un restaurante. La mala suerte seguía presente. Ni rastro del lugar que Maps nos indicaba pero si mucho restaurante callejero chino.
No le damos mas vueltas y elegimos uno…….Puafffff sopa de
pollo en caldo con fideo grueso. El pollo resulta ser gallina y además vieja.
Dura como el granito. Lo dejamos y nos vamos a otro, aquí otros dos platos mas
comestibles pero sin gracia alguna. Ponemos velas a los dioses para que al día
siguiente tengamos la suerte de cara.
La ciudad cambia cuando se empieza a explotar el estaño a
finales del siglo XIX y sigue durante gran parte del siglo XX. Las plantaciones
de caucho también aportaron riqueza pero tanto el caucho como el estaño
perdieron vigencia en los mercados y la ciudad empezó a decaer.
La presencia británica hasta 1957, año de la independencia,
dejo múltiples edificios de mucho carácter como la estación de tren o el
ayuntamiento.
En los últimos años una fiebre restauradora del patrimonio está
renovando el casco viejo dando lugar a espacios de arte como las pinturas
murales, cafés modernos y hoteles boutique.
Curiosa es la historia de Concubine lane, callejón que
albergaba casas de opio y lugares de encuentros furtivos entre amantes y de ahí
su nombre. Hoy es un fresco callejón con tiendas de recuerdos y cafés.
Hemos visitado dos museítos diferentes, uno dedicado al
creador en malasia de los tes de hierbas medicinales, comenzando a repartir su mercancía en bicicleta por todo el país y otro relacionado con
objetos y costumbres de familias chinas emigradas hasta acá. Hemos aprendico que las bodas actualmente duran solo dos días pero en la época dorada se alargaban hasta 12. Este último también
conserva dos habitaciones de un antiguo hotel con su pequeña oficina de
recepción al cliente.
Trajes sencillos y humildes para boda Paranakan haciendo juego con las lineas simples y sobrias del tálamo nupcial.
Fachada del antiguo hotel arriba y bajo el "front desk"
habitación para "sales man" del año 45Trajes sencillos y humildes para boda Paranakan haciendo juego con las lineas simples y sobrias del tálamo nupcial.
Fachada del antiguo hotel arriba y bajo el "front desk"


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