63 – Día 18 Enero. Singapur.
Los días amanecen con un sol radiante que poco a poco se va
tapando con nubes que dejan el cielo grisáceo acompañado de una temperatura
alta y elevado grado de humedad que te deja la sensación de estar sumergido en
un baño termal o de vivir en un temascal gigante.
Ayer comente algo sobre la vivienda pública y hoy me topé
con este artículo que lo explica fenomenalmente bien, copio enlace para quien le
pueda interesar.
Aquí algunos complejos de esta vivienda pública.
La vivienda va desde un estudio para solteros hasta 5 habitaciones para los que tienen hijos y ancianos a su cargo.
Chinatown. Sábado, animadísimo, concurridísimo, llenísimo.
Teatro de ópera cantonesa
La convivencia entre el viejo y nuevo barrio
Creo que el singapures trabaja 5 días a la semana y el sexto
hace colas muy ordenadas al punto que los puntos donde la cola podría impedir
el paso del peatón, dejan unos metros para facilitar el libre paso y continua
la cola. Algunos se llevan su silla plegable.
¿ Y para que hacen la cola? Para cualquier cosa que se venda y sea comestible.
Cuando un producto se acaba, alguien va
al final de la cola y lo anuncia en un cartel para que nadie espere en balde.
Hablo de colas de más de dos manzanas.
Primera parada el mercado con sus frutas, verduras y
principalmente pescados, anguilas, tortugas y ranotas gordas y orondas.
El verdulero acalorado arriba y el pollo negro abajo
Finalmente, Eva probó el durian, fruta apestosa prohibida en
los hoteles y en el metro.
La cáscara del durian y por cierto hay que comerlo con guantes por la persistencia del olor en las manos.
En la misma calle y demostrando la libertad de culto y
respeto por las creencias de los demás hay una mezquita, un templo hindú y no podía faltar un templo chino. Este último,
muy bonito y visitado. Tiene un cajero para poder sacar dinero y comprar
ofrendas así como para hacerlas directamente desde la tarjeta de crédito. Se
pone la tarjeta, y se elije el tipo de ofrenda sobre una tabla con códigos de
barras, se pasa el lector y el dinero va del bolsillo del donante al cielo.
el cajero conectado con el paraiso.



























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