64 - día 19 Enero Singapur.
Después de Chinatown solo podía venir Little India. Conjunto
de calles multicolores, tiendas de saris multicolores y templos multicolores,
en definitiva y en resumen, policromía allá donde se mire.
Los templos hindús rebosan de figuras donde dominan los tonos pasteles que junto a la música que suena en ellos te llevan de viaje al relax y la paz.
Comenzamos con dos templos donde santones con el torso desnudo y unas rayas blanquecinas cruzándoles cara y cuerpo, impartían purificación a cambio de dádivas en forma de billetes de curso legal.
Al ser domingo, las calles estaban llenas y se notaba mucha
vida y mucho movimiento.
Para combatir las temperaturas y las humedades imperantes,
nada mejor que un museo que además de rellenar con información los huecos de
ignorancia que portamos, refrescan con su aire acondicionado. Este trataba
sobre la herencia India en el país, desde las primeras migraciones hasta la
actualidad.
Una comida picosita, codero Biryani, ayuda a sudar y a
eliminar toxinas.
En los alrededores se encuentra la Gran Mezquita del Sultán en
la que caben cómodamente 5000 fieles orando y que me impactó saber que ha
conseguido su galardón ISO 9001.
Este centro de oración está rodeado de calles llenas de
perdición, donde se come y se bebe así como se malgasta el dinero en las tiendas con recuerdos para turistas y boutiques
de moda.
Nosotros no pudimos retraernos a la tentación de probar un
bar con buena música.
Al llegar al hotel y ver mis fotos me percaté que estaban
llenas de defectos, malas mediciones de luz y lo que es peor, malos enfoques.
He tenido que tomar prestadas algunas imágenes de internet.


























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