13 Dia 9 Noviembre
Phrae
Empezaremos relatando el suceso cómico hambreado con tientes
de acojono sublime por el que pasamos anoche.
Estamos en la Tailandia profunda, no podemos decir que esto
es un pueblo, mas bien una agrupación de casas dispersas y sin infraestructura
turística salvo el hotelito coqueto en el que estamos y que no da ningún tipo
de alimento. Nos indican que a unos 600 m carretera adelante hay un lugar para
cenar. A las 8 p.m., el ambiente de viernes en la noche está ausente por
completo. Soledad y oscuridad nos rodean, nos ponemos a caminar y a
mitad camino, en la espesura negra de la noche escuchamos ladridos amenazantes,
muchos, cada vez mas, no podemos ver el número de perros que han formado una
barrera en el camino pero los escuchamos. Ambos nos miramos y sabemos que
estamos sufriendo un ataque de valentía y arrojo negativo, nos damos la vuelta
y nos vamos a la cama sin cenar.
En la mañana, muy amablemente nos traen a la zona poblada de la región, donde pasan los
buses que nos llevarán a Phrae. Son las 9:30 a.m y parece ser que ya es una
hora tardía para servir desayunos. Los comedores están vacios y nadie nos
quiere servir. Terminamos en un / Eleven otra vez, madalenas verdosas y dos
bolsas de jugo que resultan ser gelatinas líquidas. Toda una experiencia
gourmet.
Esperando al bus hemos tenido tiempo de practicar nuestras
abluciones dentales al aire libre después del opíparo desayuno.
El bus llega en punto y se recorre 104 km en 2 horas y 50
min. En buenas condiciones y a un precio risible, cada uno hemos pagado 2,85 €. El transporte no era precisamente VIP, pero si el espacio que le tenían reservado en una para intermendia que hicimos en la ciudad de Mae Chua.
Una vez en destino, no vemos la tribu de tuktuks que se
amontonan para llevarse a los viajeros recién llegados. Me acerco a una
camioneta y le enseño la dirección del hotel en tailandes. Para mi que no sabía
leer y mi pronunciación no debía ser la correcta.
Me acerco a unas chicas de uniforme y ellas me conectan con
una señora de una casa de comidas, que ha dejado la cocina y con delantal y
todo se ha puesto al volante y nos ha traído hasta la puerta.
Este lugar no ha sido todavía descubierto por el turismo así
que sin Tuktuks a la vista solo nos queda caminar.
Eva quiere japonés, miramos y a 1,3 km hay uno, caminamos
por barrios periféricos pasamos un mercado de verduras muy grande y le digo a
Eva, por aquí no me suena que vaya a ver un restaurante sofisticado, y así ha
sido. Ni rastro del Mr.Otoro, que así se llamaba.
Gracias a la guía hemos comido en el Pan Jai. Solo
tailandeses y carta sin traducir. Memorable lo que hace la mímica, los gestos y
una dueña con un ligero conocimiento del inglés.
Nuestra carta
Preparando Brochetas de pollo en el mismo comedor
Nuestra carta
Preparando Brochetas de pollo en el mismo comedor
Cruzando la calle estaba un complejo de monjes budistas que
nos ha enseñado un monje de cabeza afeitada y túnica azafrán que nos ha
confesado ser forofo del futbol.
La zona fue una gran productora de madera de teca y existen
ejemplos de casas todas ellas construidas con este material y alguna que otra
mansión que esperamos ver mañana.
La casualidad nos ha llevado a un divertido mercado de ropa,
comida, músicos en directo y mucha algarabía. Después de pasearlo nos hemos
sentado a tomar cervezas viendo pasar a la gente en su sábado de asueto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario