sábado, 9 de noviembre de 2019

13 Dia 9 Noviembre Phrae




                                                               Cuando estuvimos por aquí en el 68.

13  Dia 9 Noviembre Phrae

Empezaremos relatando el suceso cómico hambreado con tientes de acojono sublime por el que pasamos anoche.
Estamos en la Tailandia profunda, no podemos decir que esto es un pueblo, mas bien una agrupación de casas dispersas y sin infraestructura turística salvo el hotelito coqueto en el que estamos y que no da ningún tipo de alimento. Nos indican que a unos 600 m carretera adelante hay un lugar para cenar. A las 8 p.m., el ambiente de viernes en la noche está ausente por completo. Soledad y oscuridad nos rodean, nos ponemos a caminar  y  a mitad camino, en la espesura negra de la noche escuchamos ladridos amenazantes, muchos, cada vez mas, no podemos ver el número de perros que han formado una barrera en el camino pero los escuchamos. Ambos nos miramos y sabemos que estamos sufriendo un ataque de valentía y arrojo negativo, nos damos la vuelta y nos vamos a la cama sin cenar.


                                Sala de espera en la acera , con una coqueta fila de 4 asientos

En la mañana, muy amablemente nos traen a la zona poblada de la región, donde pasan los buses que nos llevarán a Phrae. Son las 9:30 a.m y parece ser que ya es una hora tardía para servir desayunos. Los comedores están vacios y nadie nos quiere servir. Terminamos en un / Eleven otra vez, madalenas verdosas y dos bolsas de jugo que resultan ser gelatinas líquidas. Toda una experiencia gourmet.





Esperando al bus hemos tenido tiempo de practicar nuestras abluciones dentales al aire libre después del opíparo desayuno.


     
                                                                  Descifrando el billete de bus
                                                     

El bus llega en punto y se recorre 104 km en 2 horas y 50 min. En buenas condiciones y a un precio risible, cada uno hemos pagado 2,85 €. El transporte no era precisamente VIP, pero si el espacio que le tenían reservado en una para intermendia que hicimos en la ciudad de Mae Chua.



Una vez en destino, no vemos la tribu de tuktuks que se amontonan para llevarse a los viajeros recién llegados. Me acerco a una camioneta y le enseño la dirección del hotel en tailandes. Para mi que no sabía leer y mi pronunciación no debía ser la correcta.

Me acerco a unas chicas de uniforme y ellas me conectan con una señora de una casa de comidas, que ha dejado la cocina y con delantal y todo se ha puesto al volante y nos ha traído hasta la puerta.
Este lugar no ha sido todavía descubierto por el turismo así que sin Tuktuks a la vista solo nos queda caminar.
Eva quiere japonés, miramos y a 1,3 km hay uno, caminamos por barrios periféricos pasamos un mercado de verduras muy grande y le digo a Eva, por aquí no me suena que vaya a ver un restaurante sofisticado, y así ha sido. Ni rastro del Mr.Otoro, que así se llamaba.

Gracias a la guía hemos comido en el Pan Jai. Solo tailandeses y carta sin traducir. Memorable lo que hace la mímica, los gestos y una dueña con un ligero conocimiento del inglés.



                                                                     Nuestra carta

       
                                                           Preparando  Brochetas de pollo en el mismo comedor
                                           




Cruzando la calle estaba un complejo de monjes budistas que nos ha enseñado un monje de cabeza afeitada y túnica azafrán que nos ha confesado ser forofo del futbol.




La zona fue una gran productora de madera de teca y existen ejemplos de casas todas ellas construidas con este material y alguna que otra mansión que esperamos ver mañana.








La casualidad nos ha llevado a un divertido mercado de ropa, comida, músicos en directo y mucha algarabía. Después de pasearlo nos hemos sentado a tomar cervezas viendo pasar a la gente en su sábado de asueto.



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