20 Día 16 de
Noviembre de Chiang Mai a Phayao.
Los buses tai están hechos para mi. Si quiero apoyar la
cabeza en el respaldo , algo me parte la columna y si quiero apoyar bien la
espalda, la postura me tortura el cuello.
El camino ha tenido un largo tramo de carretera sin asfaltar
a base de trompicones , traqueteo y bastante zarandeo seguido por el resto del
camino a base de curvas ascendentes que a buen seguro hubiera debido tener como
banda sonora la canción The Long and winding Road de los Beatles.
Nada mas llegar y recoger equipaje pretendíamos comprar el billete a Chang Rai pero el de la taquilla decía que volviéramos mañana.
Yo no quería regresar , por lo que
insistí, al momento aparecen una poli y un poli uniformados, seguidos de señor
importante con camisa blanca por fuera del pantalón. Insisten que mañana es el
día de la compra y yo que nanay.
Parece ser que nos
vamos entendiendo ya que en la taquilla en la que estábamos era para salir en
el día, nos llevan a otra taquilla donde la vendedora además del teclado del ordenador tenía a dos zagales de corta edad trepando
por su orondo cuerpo, y por fín tenemos nuestro boleto de bus para el día 18.
Muy agradecidos a las labores de auxilio
y asistencia del benemérito cuerpo, entonamos
el Apunhaaap ( muchas gracias) acompañado de muchas reverencias cuando
el importante nos pide que posemos para una foto con los polis.
Todos sonreímos mucho , sacan el móvil, la toman y se
despiden, se meten en una patrulla y se van. ¿Alguien habló de surrealismo?
La información que tengo es que el hotel se encuentra a 400
m y no se ve transporte disponible por ningún lado. Caminamos bajo el
inclemente sol del medio día.
Anchisa Mansion es el rimbombante nombre de nuestro hotel.
Camas cómodas, mucho espacio, armario, escritorio y balcón. Para hacer el
balcón de marras con vistas al estercolero de Viena, hubo que robarle el
espacio al baño que es de las siguientes dimensiones como se aprecia en la
foto.
Fantástica vista a los gallineros y la naturaleza de Phayao
Regresemos por un momento al surrealismo. La guía comenta
que en un folleto turístico se dice que esta ciudad es la pequeña Viena
asiática. Sus edificaciones y sus calles arboladas así lo sugieren.
Lo intentamos todo el día, buscamos esas similitudes,
sabíamos que en algún lugar debía esconderse las semejanzas que llevaron al
bardo de turno a escribir esa
inexactitud, pero fallamos en el intento. ¿ Quizá fueran los 38º C con humedad
altísima, o que la ciudad está asentada
al lado del mayor humedal de Tailandia.? Que yo sepa Viena no tienes ni estas
temperaturas ni está a orillas de un lago.
Después de comer, Eva se tumba en un prado, bajo la sombra
de unas palmeras frente al lago y mi natural inquietud me llevan a explorar las
“ calles arboladas y la arquitectura vienesa”.
Arquitectura vienesa de primer orden. Sin ir mas lejos los cortinajes estilo Sisí lo demostrarían.

No las encuentro pero si me topo con un salón de masajes. Hay para
elegir, masajes de pies, masaje Tai, masaje con aceite y masaje de cuello,
hombros y espaldas. Nuestra elección es la última opción.
Desde que empezó a presionarme los gemelos comenzó un dolor
intenso que ya no me abandonó mientras seguía con los muslos, los glúteos, ¿
pero a quién le duelen los glúteos si se los presionan?. En la zona de
omoplatos encontró nudos, durezas, bultos que fue deshaciendo con gran maestría
por su parte y mucho desconsuelo y aflicción por la mía. El dolor iba en aumento.
Súbitamente me comienzó a golpear con el canto de sus manos y aquellos parecían
golpes del martillo de Thor. Lo que yo desconocía es que el masaje venía
acompañado de FINAL FELIZ. Si, cuando me comunicó por señas que había
terminado, me embargó una paz, seguida de un sosiego y una calma que se parecían
bastante al nirvana budista. El hecho de que dejara de golpearme con sus
manazas nervudas y robustas fue el final feliz que tanto estuve anhelando por
espacio de una hora.
Frente al lago, al atardecer, se congregan las familias para
cenar y pasear por los pasillos de un mercado nocturno. Hicimos tiempo,
mientras el cuerpo se iba relajando, husmeando por el mercado hasta que
terminamos en un restauran donde servían sopas en soperas sui géneris.






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