domingo, 24 de noviembre de 2019

27 - Día 23 y 24 de Noviembre






27  día 23 y 24 de Noviembre 

Por los alrededores y Pindaya. 

Un paseo en coche de unos 80 minutos nos lleva a Pindaya. En esta somnolienta población tienen una cueva caliza que en el ultimo censo, se contabilizaron 8094 budas, traídos de todas partes del mundo. Los materiales de los que están hechos son variados, cemento, mármol, alabastro, lacados etc. A la cueva se sube peldaño a peldaño, si uno quiere merecer las prebendas que reparte el altísimo, tal cual hice yo o en un cómodo ascensor que te deposita en la cima. Hay que descalzarse por completo y recorrer las diferentes galerías admirando tanta imagen de buda que va de la pequeña estatuilla a la figura de gran tamaño.







Estan rehaciendo el suelo de una zona y veo al maestro de obras dar indicaciones detalladas al aprendiz de azulejador. Este mismo maestro luego reunirá a los visitantes interesados y dirigirá un rezo comunal en comandita.


                                                              Ahora dirijo la obra , ahora dirijo un rezo



Pero primero nos deleitamos con unos baños impolutos en una gasolinera, aunque parezca mentira y otro grupo de estupas con un naif buda reclinado.








Destaco la seguridad imperante en el lugar, todos pasamos por un arco detector de metales, casi todos hacemos que el aparato pite, pero el encargado solo se preocupa de su teléfono y con un movimiento cansino de su mano libre nos invita a pasar.


                                    
Luego hemos ido a ver como hacen de la pulpa de la morera un papel muy tosco que sirve para abanicos, lámparas o sombrillas. La corteza se pone a remojo, luego se golpea con unos martillos, se remueve con un molinillo dentro de una tinaja y se deposita sobre un  bastidor. Se decora la superficie con diferentes pétalos de flores coloristas, se drena el agua y ….voila, ya tenemos una lámina de papel para usar.








Por último, hoy ha sido un día fácil, nos hemos detenido en el monasterio del siglo XIX Shwe Yan Payay. Todo construido en madera y pintado de rojo aloja una comunidad de monjes y alumnos que hemos captado en plena clase entre oración y oración.





En un edificio aparte, este construido en piedra, tienen un claustro lleno de nichos de budas, ofrecidos por correligionarios de todas pates del mundo.  Hasta un vasco que puso su nombre y esos apellidos cortitos que tienen y ya no le cupo el origen y se quedó en Euska en vez de Euskal Herria.





La comida en un chino  cantonés a base de Dim Sum y un pollo en salsa de ostión. Hemos quedado aturdidos con los sabores tan delicados que nos han regalado. Eva pone carita de estar a punto de elevarse a las alturas.



Para celebrarlo nos hemos dado un masaje tradicional burmés. Casi no hay caricia con la palma abierta o con los dedos, es a base de presión, bien con los nudillos, bien con los dedos. Ganas de llorar te entran cuando con una palmada te comunican que las puertas del nirvana acaban de cerrarse.



     Dia 24 Noviembre De Nyaung Shwe a Mandalay


No creo haber tomado un vuelo tan corto como el de hoy.  253 Km por carretera , equivalentes a 5 horas de vehículo se han transformado en un vuelo de 20 minutos escasos.
Han tardado mas las maletas en salir por la banda, hoy si había banda) que nosotros en llegar.
Los fotógrafos de booking son unos cracks, vimos en la web una habitación grande y al llegar nos dan algo que no tenía mas de 15 m2 incluyendo el baño.
Pregunto si no tendrán de casualidad habitaciones mas grandes, el botones llama a recepción y nos dan lo que ellos llaman suite, bastante mas grande pero sin llegar a los 35 m2 anunciados en la página de reservas. Además tiene terraza con vistas a elegir.

Si miro de frente me envuelve el fragor de la ciudad con la vista a esta construcción, si giro la cabeza hacia la izquierda, veo el foso y la murallas del gran palacio



La ciudad fea a morir. Parece zona de guerra. Todo está levantado, las aceras no tienen mas de 2 m seguidos sin que te encuentres una zanja, losas levantadas, grandes agujeros, tuberías rotas. Hace las delicias de los jugadores de golf por la cantidad de hoyos que hay.



                                                                                        El famoso hoyo 19






                                   Además de perros y personas hay chivos, lo cual no deja de ser una curiosidad.



Justo detrás del hotel hay un restaurante Indú. Por el equivalente a 9 $ hemos comido y bebido Lassi, una bebida de yogurt. Hemos pedido un curry de cordero y otro de pato. Nuestra sorpresa es grande al ver la cantidad de platos que nos ponen delante. Dos sopas, dos platos de verduras diversas guisadas con diferentes especias, los platos fuertes y el arroz blanco que no puede faltar por estos lares.



La conducción es a base de ocupar los espacios libres. Nadie se enoja, nadie discute. Si ves un hueco y te sirve, lo ocupas y así vas avanzando. Lo mismo cuando llegas a un cruce sin semáforo, aquí es lo que mas abunda. Te vas adentrando en el cruce y unas veces paras tu para no chocar y otras veces paran ellos.


La gran mayoría mastica la hoja de betel y la gran mayoría tienen una dentadura del nabo. No solo les faltan dientes si no que además los que les quedan están manchados y ennegrecidos. Caminando por la calle puedes ver enormes manchas rojas, son los escupitajos acompañados de los restos masticados de esta hoja estimulante.

Después del refrigerio nos hemos dirigido a ver un par de monasterios de construidos en madera tallada. El primero Shwe In Bin, data del siglo XIX y fue encargado por dos mercaderes chinos. Se encuentra en un estado de franco deterioro  por el que debes caminar descalzo y con suerte no pisas una de las tantas cabezas de clavos semi levantadas y que mantienen en pie el lugar-







El otro convento es de un solo monje. Un viejito arrugado que permanece en la penumbra, rodeado de telarañas, suciedad y mucho polvo. Para llorar.



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