27 día 23 y 24 de Noviembre
Por los alrededores y Pindaya.
Un paseo en coche de unos 80 minutos nos lleva a Pindaya. En
esta somnolienta población tienen una cueva caliza que en el ultimo censo, se
contabilizaron 8094 budas, traídos de todas partes del mundo. Los materiales de
los que están hechos son variados, cemento, mármol, alabastro, lacados etc. A
la cueva se sube peldaño a peldaño, si uno quiere merecer las prebendas que
reparte el altísimo, tal cual hice yo o en un cómodo ascensor que te deposita
en la cima. Hay que descalzarse por completo y recorrer las diferentes galerías
admirando tanta imagen de buda que va de la pequeña estatuilla a la figura de
gran tamaño.
Estan rehaciendo el suelo de una zona y veo al maestro de
obras dar indicaciones detalladas al aprendiz de azulejador. Este mismo maestro
luego reunirá a los visitantes interesados y dirigirá un rezo comunal en
comandita.
Ahora dirijo la obra , ahora dirijo un rezo
Pero primero nos deleitamos con unos baños impolutos en una
gasolinera, aunque parezca mentira y otro grupo de estupas con un naif buda
reclinado.
Destaco la seguridad imperante en el lugar, todos pasamos
por un arco detector de metales, casi todos hacemos que el aparato pite, pero
el encargado solo se preocupa de su teléfono y con un movimiento cansino de su
mano libre nos invita a pasar.
Luego hemos ido a ver como hacen de la pulpa de la morera un
papel muy tosco que sirve para abanicos, lámparas o sombrillas. La corteza se
pone a remojo, luego se golpea con unos martillos, se remueve con un molinillo
dentro de una tinaja y se deposita sobre un bastidor. Se decora la superficie con
diferentes pétalos de flores coloristas, se drena el agua y ….voila, ya tenemos
una lámina de papel para usar.
Por último, hoy ha sido un día fácil, nos hemos detenido en
el monasterio del siglo XIX Shwe Yan Payay. Todo construido en madera y pintado
de rojo aloja una comunidad de monjes y alumnos que hemos captado en plena
clase entre oración y oración.
En un edificio aparte, este construido en piedra, tienen un
claustro lleno de nichos de budas, ofrecidos por correligionarios de
todas pates del mundo. Hasta un vasco
que puso su nombre y esos apellidos cortitos que tienen y ya no le cupo el
origen y se quedó en Euska en vez de Euskal Herria.
La comida en un chino
cantonés a base de Dim Sum y un pollo en salsa de ostión. Hemos quedado
aturdidos con los sabores tan delicados que nos han regalado. Eva pone carita de estar a punto de elevarse a las alturas.
Para celebrarlo nos hemos dado un masaje tradicional burmés.
Casi no hay caricia con la palma abierta o con los dedos, es a base de presión, bien con los nudillos, bien con los dedos. Ganas de llorar te entran cuando con
una palmada te comunican que las puertas del nirvana acaban de cerrarse.
Dia 24 Noviembre De Nyaung Shwe a Mandalay
No creo haber tomado un vuelo tan corto como el de hoy. 253 Km por carretera , equivalentes a 5 horas
de vehículo se han transformado en un vuelo de 20 minutos escasos.
Han tardado mas las maletas en salir por la banda, hoy si
había banda) que nosotros en llegar.
Los fotógrafos de booking son unos cracks, vimos en la web
una habitación grande y al llegar nos dan algo que no tenía mas de 15 m2
incluyendo el baño.
Pregunto si no tendrán de casualidad habitaciones mas
grandes, el botones llama a recepción y nos dan lo que ellos llaman suite,
bastante mas grande pero sin llegar a los 35 m2 anunciados en la página de
reservas. Además tiene terraza con vistas a elegir.
La ciudad fea a morir. Parece zona de guerra. Todo está
levantado, las aceras no tienen mas de 2 m seguidos sin que te encuentres una
zanja, losas levantadas, grandes agujeros, tuberías rotas. Hace las delicias de
los jugadores de golf por la cantidad de hoyos que hay.
El famoso hoyo 19
Además de perros y personas hay chivos, lo cual no deja de
ser una curiosidad.
Justo detrás del hotel hay un restaurante Indú. Por el
equivalente a 9 $ hemos comido y bebido Lassi, una bebida de yogurt. Hemos
pedido un curry de cordero y otro de pato. Nuestra sorpresa es grande al ver la
cantidad de platos que nos ponen delante. Dos sopas, dos platos de verduras
diversas guisadas con diferentes especias, los platos fuertes y el arroz blanco
que no puede faltar por estos lares.
La conducción es a base de ocupar los espacios libres. Nadie
se enoja, nadie discute. Si ves un hueco y te sirve, lo ocupas y así vas
avanzando. Lo mismo cuando llegas a un cruce sin semáforo, aquí es lo que mas
abunda. Te vas adentrando en el cruce y unas veces paras tu para no chocar y
otras veces paran ellos.
La gran mayoría mastica la hoja de betel y la gran mayoría tienen
una dentadura del nabo. No solo les faltan dientes si no que además los que les
quedan están manchados y ennegrecidos. Caminando por la calle puedes ver enormes manchas
rojas, son los escupitajos acompañados de los restos masticados de esta hoja
estimulante.
Después del refrigerio nos hemos dirigido a ver un par de
monasterios de construidos en madera tallada. El primero Shwe In Bin, data del
siglo XIX y fue encargado por dos mercaderes chinos. Se encuentra en un estado
de franco deterioro por el que debes
caminar descalzo y con suerte no pisas una de las tantas cabezas de clavos semi
levantadas y que mantienen en pie el lugar-
El otro convento es de un solo monje. Un viejito arrugado
que permanece en la penumbra, rodeado de telarañas, suciedad y mucho polvo.
Para llorar.













































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