38 Día 6 de
Diciembre Yangon
Teníamos dos opciones para elegir como pasar nuestro último
día en Yangon y por ende en el país. Una era ver la superpagoda de 100 de
altura y mas de 2000 años de antigüedad ( eso dicen ellos) o cruzar el río y
visitar uno de los pueblos del delta.
Elegimos esto último, belleza campirana y aire fresco en vez del lujo desmedido que le dedican a la religión.
Por suerte el muelle del ferry está a un paseo y hacía ya nos vamos. Locales pagan 200 KYT y nosotros el 1000% mas, 2000 de ida y 2000 de vuelta. ¿ Con que argumentos les voy a discutir, y lo que es peor, en que idioma?
Como se ve, el río Yangón admite el paso de grandes cargueros con contenedores
Los ferris salen cada 20 minutos y riadas de gente entran y
salen de el.
Al llegar el fragor de la megafonía es perturbadora. Cantan
los precios y horarios de los transportes a punto de salir hacia los diferentes
destinos del delta.
SE me acerca un muchacho con los dientes rojos y carcomidos,
me pregunta de donde soy para de inmediato ofrecerme el tuktuk que me lleve a
pasear. Me pide 10,000 por hora de servicio y llegamos al acuerdo de 15,000 por
3 horas.
Creo que no son conscientes de la pobreza en la que viven
porque gran parte del tour ha sido visitar Bambu Village y fisherman Village.
La gran diferencia es que la segunda tiene aparejos de pesca en las puertas y
bambu no, pero todas tienen toneladas de basura alrededor y lo que es peor,
agua estancada pútrida y que seguro será agar agar para las colonias de
mosquitos. Paludismo y Zika son dos de las enfermedades que abundan. Viven
hacinados en muy pocos metros cuadrados y la mayoría de las chabolas constan de
techo, paredes y una estera para dormir.
Se ha desviado para muy orgulloso enseñarnos su choza,
cubierta por una gran lona gruesa de color verde y se ha ofrecido a
enseñárnosla. Hemos declinado su amable oferta. El comparte su palacete con su madre, hermana
y esposa.
Tras media hora de carretera llena de bultos y chichones nos
hemos detenido en el templo de las serpientes. Un enorme estanque lleno de
lotos alberga en su centro un templete por el que se llega a través de una
larga pasarela. En su interior reinan montones de pitones birmanas unas sobre
otras y moviéndose lo justo. De vez en
cuando rodeaban un buda lo abrazaban y seguían camino para su siguiente enroscamiento.
Era tal el disfrute que estábamos padeciendo que hemos
decidido acortar el viaje y le hemos pedido retornar al ferry, pero el ha
seguido enseñándonos todos los rincones purulentos de Dal, que así se llama
este pueblo al otro lado de la excapital.
Aqui presento lo que no fuimos a ver hoy. Foto de internet


























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