Foto bajada de internet
49 Dia 20 y 21 de
Diciembre Lago Cheow Lan
Día completo de chinga total. Nada de medianías.
El lago se encuentra a una hora de nuestra residencia, es un
lago artificial construido para generar energía eléctrica y de el y a su
alrededor se yerguen monumentales rocas graníticas o tal vez cársticas, mi geología
esta muy oxidada, dando lugar a paisajes de otros mundos.
Hoy también me sentí personaje de novela de Verne. Estoy
seguro que el mundo perdido por él imaginado no se diferenciaría mucho de este.
En el viaje de regreso, con la tarde ya cayendo, muchos de
los rincones me parecieron la entrada al reino de Mordor.
El grupo de 22 personas era muy heterogéneo en cuanto al
origen de cada quien. Dos israelitas, un belga, cuatro salvadoreños de origen
mexicano pero viviendo en USA, una mexicana estudiando en Japón, un noruego que
había estado en Mestalla presenciando el derby Valencia vs. Levante, un turco,
dos holandesas, una pareja de malasios, una madre e hija australianas y
nosotros.
Además de el paseo en barca ensordecedora de más de una hora
viendo los paisajes ominosos, también tuvimos nuestra sesión de jungla.
De aquí partía la segunda sección del día.
Fue tan demandante y resbaladiza que no pude recrear casi nada con la cámara de fotos. Una parte transcurría por una senda muy lodosa y estrecha sobre una ladera a unos 3 metros sobre el río. El peligro era caerse, sin riesgo de muerte pero si de chapuzón y algún miembro estrolabarciado. Hubo que cruzar el río 3 veces y adentrarnos en la espesura. Se nos avisó sobre no tocar ciertas plantas, entre ellas el bambú joven, por sus propiedades urticantes a la par que duraderas. No había terminado aún la explicación cuando pisé algún tipo de ortiga que se me quedó entre dos dedos del pie y empecé a berrear mentalmente. No era plan de mostrar la decrepitud entre tanto y tanta joven. No que decir tiene que el abuelo del grupo era yo con 30 años de diferencia por lo menos.
Y tras casi dos horas de travesía, llegamos a la cueva inundada. Llevábamos linternas en la frente y comenzamos a trastabillar con el agua por las rodillas y a veces llegando a los hombros. No sabíamos donde pisábamos pero si debíamos cuidar los cuernos ya que el techo subía y bajaba a discreción y las aristas de las rocas eran muy afiladas.
La entrada a la cueva.
De aquí partía la segunda sección del día.
Fue tan demandante y resbaladiza que no pude recrear casi nada con la cámara de fotos. Una parte transcurría por una senda muy lodosa y estrecha sobre una ladera a unos 3 metros sobre el río. El peligro era caerse, sin riesgo de muerte pero si de chapuzón y algún miembro estrolabarciado. Hubo que cruzar el río 3 veces y adentrarnos en la espesura. Se nos avisó sobre no tocar ciertas plantas, entre ellas el bambú joven, por sus propiedades urticantes a la par que duraderas. No había terminado aún la explicación cuando pisé algún tipo de ortiga que se me quedó entre dos dedos del pie y empecé a berrear mentalmente. No era plan de mostrar la decrepitud entre tanto y tanta joven. No que decir tiene que el abuelo del grupo era yo con 30 años de diferencia por lo menos.
Y tras casi dos horas de travesía, llegamos a la cueva inundada. Llevábamos linternas en la frente y comenzamos a trastabillar con el agua por las rodillas y a veces llegando a los hombros. No sabíamos donde pisábamos pero si debíamos cuidar los cuernos ya que el techo subía y bajaba a discreción y las aristas de las rocas eran muy afiladas.
La entrada a la cueva.
Hicimos un alto ya que nos encontramos con un grupo que
salía. Nos pegamos a la pared y en la
penumbra de la luz mortecina de las linternas empezaron a desfilar unas bellezas
sensuales en bikinis muy atrevidos, por un momento pensé que eran seres demoníacos
procedente del Hades en forma de ángeles perturbadores portadoras de
tentaciones. Y yo sumergido en agua gélida.
Hoy 21 de diciembre tocaba cambio de destino. Parque
nacional de Khao Lak y sus rocas, arrecifes, playas interminables y el agua
tibia del mar de Andamán.
Paseamos en moto por los alrededores y visitamos el museo
del Tsunami. 3 habitaciones con teles que reproducen videos de momentos
trágicos del acontecimiento que sucedió un 26 de Diciembre del 2004. Esta fue una
de las zonas arrasadas.

























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