41 Día 10 Visitando
Ban Krut
Llevamos dos días recargando pilas. Después de 45 días
levantándonos a las 6 ó como muy tarde a las 7, los dos últimos días nos hemos
dado permiso de estar en la cama hasta que despertemos, lo cual significa que
entre 8 y 9 abrimos el ojo, mas el remoloneo pertinente, terminamos desayunando
a las 10 y saliendo a trabajar sobre las 11 Como ya no vemos pagodas, nos sobra el tiempo.
En la planificación, dudábamos si venir a donde estamos o
quedarnos a 20 km al norte en Ban Krut. Las indicaciones de la guía nos
hicieron decantarnos por Bang Saphan Yai, y después de conocer la otra opción
estamos seguros que nos equivocamos.
Moto, mucho filtro solar y traje de baño. Sin ser grande
tiene el movimiento que le falta a nuestro pueblo. Los hoteles, aquí llamados
resorts, tienen más estilo, más clase y no son mucho más caros. Donde comimos
que podría ser el mejor de los que hemos visto, una noche costaba 38€.
Al ir sin rumbo fijo, hemos terminado en un puerto pesquero
y desde el muelle hemos visto una enorme pagoda cimera. Majestuosa, reinaba
sobre la cima de la montaña cubierta de vegetación.
Nos proponemos ir y quizá
romper nuestra promesa. Al llegar nos topamos con un buda gigantesco junto al
parking. Lo hemos rodeado, admirado, y deslumbrado por el brillo que emanaba de
su figura dorada. Hemos querido olvidar la promesa y hemos empezado a subir la
cuesta final que nos llevaría hasta la pagoda, pero a los pocos metros y dado
lo empinado del camino hemos perdido la fe de golpe. A fer la ma la pagoda.
Siempre será mejor una cerveza frente al mar que una pagoda.
Hemos comido delicioso, sendos curris y ensalada de papaya
verde.
Cerveza´s place
Buzon de correo marítimo, supongo.
Por cierto, lo de la papaya verde era un misterio para
nosotros. Al contrario de de la papaya anaranjada, que es dulce, mantecosa y
grande como un melón, esta tiene la misma forma pero en pequeño, es blanca por
dentro y dura como una jícama o un pepino.
Aquí la rayan como fideos cortos y hacen una ensalada
picante. Nos hemos aficionado y al investigar sus diferencias, nos encontramos
con que son la misma especie, carica papaya, solo que una se corta antes de
crecer y madurar.
El mismo lugar que nos sirvió para tomar la chela antes de
la comida nos ha servido para tomar un café y un té, hasta la hora de partir de
vuelta. El regreso ha sido delicioso, hemos costeado por una carreterita que
nos ha dejado disfrutar los kilómetros de playa y palmeras, pese a que google
maps quería que fuéramos por la general. A veces hay que rebelarse contra las
aplicaciones.

















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