martes, 10 de diciembre de 2019

41 Día 10 Visitando Ban Krut desde Bang Saphan





41  Día 10 Visitando Ban Krut

Llevamos dos días recargando pilas. Después de 45 días levantándonos a las 6 ó como muy tarde a las 7, los dos últimos días nos hemos dado permiso de estar en la cama hasta que despertemos, lo cual significa que entre 8 y 9 abrimos el ojo, mas el remoloneo pertinente, terminamos desayunando a las 10 y saliendo a trabajar sobre las 11 Como ya no vemos pagodas, nos sobra el tiempo.



En la planificación, dudábamos si venir a donde estamos o quedarnos a 20 km al norte en Ban Krut. Las indicaciones de la guía nos hicieron decantarnos por Bang Saphan Yai, y después de conocer la otra opción estamos seguros que nos equivocamos.



Moto, mucho filtro solar y traje de baño. Sin ser grande tiene el movimiento que le falta a nuestro pueblo. Los hoteles, aquí llamados resorts, tienen más estilo, más clase y no son mucho más caros. Donde comimos que podría ser el mejor de los que hemos visto, una noche costaba 38€.
Al ir sin rumbo fijo, hemos terminado en un puerto pesquero y desde el muelle hemos visto una enorme pagoda cimera. Majestuosa, reinaba sobre la cima de la montaña cubierta de vegetación.






 Nos proponemos ir y quizá romper nuestra promesa. Al llegar nos topamos con un buda gigantesco junto al parking. Lo hemos rodeado, admirado, y deslumbrado por el brillo que emanaba de su figura dorada. Hemos querido olvidar la promesa y hemos empezado a subir la cuesta final que nos llevaría hasta la pagoda, pero a los pocos metros y dado lo empinado del camino hemos perdido la fe de golpe. A fer la ma la pagoda.





Siempre será mejor una cerveza frente al mar que una pagoda.
Hemos comido delicioso, sendos curris y ensalada de papaya verde.


                                                              Cerveza´s place


                                                               Buzon de correo marítimo, supongo.

Por cierto, lo de la papaya verde era un misterio para nosotros. Al contrario de de la papaya anaranjada, que es dulce, mantecosa y grande como un melón, esta tiene la misma forma pero en pequeño, es blanca por dentro y dura como una jícama o un pepino.
Aquí la rayan como fideos cortos y hacen una ensalada picante. Nos hemos aficionado y al investigar sus diferencias, nos encontramos con que son la misma especie, carica papaya, solo que una se corta antes de crecer y madurar.



El mismo lugar que nos sirvió para tomar la chela antes de la comida nos ha servido para tomar un café y un té, hasta la hora de partir de vuelta. El regreso ha sido delicioso, hemos costeado por una carreterita que nos ha dejado disfrutar los kilómetros de playa y palmeras, pese a que google maps quería que fuéramos por la general. A veces hay que rebelarse contra las aplicaciones.





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